A 564 metros sobre el nivel del mar, en la Serranía de Ronda, el arroyo de Los Cascajales salta de roca en roca en busca del río Guadiaro. Ha llovido con especial intensidad en la comarca, más de 800 litros por metro cuadrado en sólo un mes –casi tanto como en todo el año anterior– y la estampa de este rincón de la provincia, húmedo y boscoso, más parece propia de la cordillera cantábrica. A pocos kilómetros de la capital la Naturaleza fluye, revivida por el líquido que cayó del cielo y ya discurre cuesta abajo, para encontrar el mar. Así ocurre también en la Axarquía, el Valle del Guadalhorce y Antequera, incluso muy cerca de la Costa del Sol, donde el tiempo ha dado un respiro este fin de semana y las temperaturas vuelven a acariciar los 20 grados. El agua ha obrado de nuevo el milagro y cientos de visitantes se acercan estos días hasta Periana, Benaoján, Villanueva del Trabuco y otros tantos municipios del interior para beber y sentir el rumor del río, del arroyo, de la fuente y del manantial.
Del río Guaro a la presa de La Viñuela
Periana se eleva a 547 metros sobre el mar. Allí se encuentra el nacimiento del río Guaro, formando una hermosa cascada. Las aguas de este río, junto a las del Sabar, que bordea Mondrón, y el Seco riegan los olivares que dan fama a su aceite antes de morir en el embalse de La Viñuela. Los más de 500 litros por metro cuadrado que estas tierras han recibido en apenas un mes, según la Agencia Andaluza del Agua, hacen posible que la presa de la que bebe buena parte de la Axarquía supere los 92 hectómetros cúbicos.
La montaña brota por cien caños
Un ruta para disfrutar de los paisajes del agua tiene una escala obligatoria en la afamada fuente de los Cien Caños de Villanueva del Trabuco, considerada el nacimiento del río Guadalhorce, que estos días no da abasto para conducir los 450 litros de lluvia que se han registrado en la zona en apenas un mes, y que han permitido multiplicar las reservas en los embalses de esta cuenca.