Acuíferos y usos del agua subterránea
La parte de agua de lluvia que cae sobre terrenos permeables o discurre sobre su superficie se infiltra en unas formaciones que se denominan acuíferos. En estas formaciones, el agua se transmite muy lentamente hasta alcanzar el exterior por un manantial, un río, un lago o el mar.
La larga permanencia del agua subterránea en los acuíferos asegura una regulación natural de este recurso lo que le confiere una ventaja apreciable sobre las aguas superficiales, cuya disponibilidad está sometida a la irregularidad del régimen de lluvias o requiere la construcción de embalses.
El aprovechamiento de estos recursos requiere la construcción de captaciones (pozos, sondeos o galerías) y su extracción supone un coste energético tanto mayor cuanto más profundo está el nivel de agua en el acuífero.
El consumo de agua subterránea en España se estima en unos 5.000-6.000 hm3/año de los que unos 1.000 hm3/año se dedican al abastecimiento de poblaciones.
En la página web del Ministerio de Medio Ambiente se puede encontrar información detallada acerca de los sondeos investigación hidrogeológica o geotécnica, la red piezométrica de control general de las aguas subterráneas y una cartografía detallada.
El Sistema de Información del Agua Subterránea (SIAS), del Instituto Geológico y Minero de España, es un potente sistema de información geográfica que pone a disposición del usuario las bases de datos de aguas subterráneas institucionales, así como las bases espaciales hidrogeológicas y temáticas.
Calidad de las aguas subterráneas
El agua de lluvia que se infiltra en el terreno, se carga de sales que dependen de la naturaleza del suelo y del acuífero. La concentración de estas sales depende de la capacidad de transporte del agua en el acuífero y, por tanto, del tiempo de residencia del agua en esta formación.
Las aguas de mejor calidad natural suelen ser las que provienen de formaciones carbonatadas y contienen, en general, menos de 1 g/l de sales disueltas, resultando aptas para todos los usos.
En las unidades detríticas la dureza suele ser superior a las de formaciones carbonatadas, llegando ocasionalmente a niveles que las hacen inaceptables para el abastecimiento por su excesivo contenido en calcio, magnesio y sodio por influencia de depósitos salinos.
Estas calidades naturales se pueden ver afectadas por la acción del hombre como se indica en los siguientes epígrafes.
En el tema “Usos y calidades” se hace referencia a los requisitos de calidad de las aguas según el uso al que se destinan. Se indica también la referencia de la red de control de aguas subterráneas para obtener información sobre las calidades de agua controladas por las Confederaciones Hidrográficas.
El SIAS también dispone de información sobre la calidad de las aguas subterráneas.
Explotación sostenible de los recursos
Las aguas subterráneas no se explotan de manera sostenible cuando el volumen anual de agua que se extrae del acuífero supera al de la recarga (volumen de agua que se renueva), cuando es algo inferior pero la calidad del recurso empeora o bien cuando no se permite la alimentación natural de humedales con aguas del acuífero.
Los casos de sobreexplotación o explotación insostenible de los acuíferos, tienen como consecuencia inmediata una depresión de la capa freática y un aumento del consumo de energía y de los costes de extracción. En las zonas litorales se favorece la intrusión marina que deteriora la calidad del agua del acuífero llegando a convertirlo en inutilizable sin un tratamiento previo de desalación o una recarga artificial que propicie la recuperación a largo plazo de la calidad.
Como bibliografía general sobre el tema se recomienda:
- Programa de redes básicas de control de las aguas subterráneas. Centro de Publicaciones. Mº de Medio Ambiente. 1998.
- “Comentarios de Greenpeace al borrador de la Ley de modificación del texto refundido de la Ley de Aguas en materia de aguas subterráneas”. Greenpeace. 8 de febrero de 2006.
La tercera consecuencia negativa de la sobre-explotación de las aguas subterráneas es la disminución de los caudales superficiales de los ríos que drenan estos acuíferos o la falta de alimentación de lagos o humedales, como ha sido el caso de las Tablas de Daimiel.
La contaminación de los acuíferos
La principal contaminación de los acuíferos originada por la agricultura se debe a la aplicación de dosis excesivas de fertilizantes y al empleo de técnicas de riego poco eficientes que permiten el lavado del terreno y la penetración de los excedentes y retornos de riego en los acuíferos. Los nitratos son particularmente nocivos y su concentración por encima de los 50 mg/l inhabilita el agua para su uso en abastecimiento. Los pesticidas son la otra gran causa de contaminación agraria y aunque suelen quedar retenidos en su mayoría por el terreno, pueden resultar peligrosos para la salud. Los purines procedentes de la ganadería intensiva ocasionan también, en muchos casos, problemas de contaminación orgánica y microbiana de los acuíferos.
La participación urbana en la contaminación de las aguas subterráneas se debe sobre todo a las pérdidas de agua de las redes de saneamiento, a los pozos negros y fosas sépticas, a la reutilización inadecuada de aguas residuales y a las aguas que pasan a través de vertederos incontrolados.
Finalmente, en la industria, las principales causas de contaminación de aguas subterráneas se deben a almacenamientos inadecuados de carburantes, a los vertederos incontrolados de residuos y a los suelos contaminados por las actividades industriales.
La contaminación de los acuíferos es un proceso largo y progresivo y su recuperación obliga a extraer agua para tratarla durante periodos prolongados mientras se produce una recarga con agua limpia.