Las características singulares de estos ecosistemas de transición, que en España son muy abundantes y de una gran diversidad, han favorecido el desarrollo de una amplia gama de actividades del hombre, desde la caza y la pesca, hasta el turismo, pasando por el cultivo del arroz o la ganadería, creando una economía asociada que está ayudando a su conservación.
Los ecosistemas fluviales y lacustres, cuyos cauces y riberas han sido deteriorados por la acción del hombre, deben restaurarse para devolverles sus características naturales.
En cuanto a la defensa de los ecosistemas costeros y marinos, deberá constituir una componente esencial de la gestión integral de las zonas costeras.
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