Energía y Movilidad
Las consideraciones energéticas de la movilidad presentan dos aspectos fundamentales, el relacionado con el consumo de recursos y el relacionado con las emisiones que genera su consumo.
Se calcula que en la Unión Europea el transporte es responsable de un 21 % de las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global del planeta y se observa que este porcentaje va en aumento.
Por lo tanto, para cumplir los objetivos de sostenibilidad, en particular la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero aprobada en el Protocolo de Kioto, es esencial encontrar soluciones para reducir las emisiones del transporte.
Pero éste no es el único reto. Casi toda la energía utilizada en el sector del transporte de la UE procede del petróleo. Las reservas de petróleo conocidas son limitadas y están restringidas a unas pocas regiones del mundo. Existen nuevas reservas, pero la mayor parte serán más difíciles de explotar que las antiguas. Por consiguiente, la seguridad del abastecimiento energético para el futuro no sólo se consigue reduciendo la dependencia de las importaciones, sino adoptando una amplia variedad de iniciativas políticas, incluida la diversificación de las fuentes y las tecnologías.
En la UE ya se han adoptado varias medidas que complementan los esfuerzos para mejorar los transportes públicos y fomentar el uso de medios de transporte respetuosos con el medio ambiente. La industria automovilística está desarrollando nuevos modelos más limpios y más rentables en lo que respecta al consumo de combustible y está trabajando en nuevos conceptos.
En este escenario, las ciudades presentan casuísticas complejas. La preocupación por las emisiones de CO2 se une a la especial atención que su calidad del aire precisa, fundamentalmente en términos de salud. En este sentido, debemos tener especial consideración hacia lo que podríamos llamar vehículos limpios, más eficientes energéticamente, menos contaminantes, lo que los ingleses llaman coches más amigables. Obviando que el automóvil más ecológico es el que no se usa y que la bicicleta es el paradigma de vehículo limpio, debemos centrar los análisis en los combustibles alternativos, la conducción eficiente, la optimización de desplazamientos, la disyuntiva entre el diesel y la gasolina, las opciones fiscales que pueden favorecer determinadas tendencias, los avances tecnológicos, el papel de la contratación pública y, en definitiva, cualquier mecanismo que pueda mejorar los aspectos de ahorro y eficiencia energética derivados de nuestras necesidades de movilidad.