El OSE, para cumplir la misión encomendada de “estimular el cambio social hacia la sostenibilidad proporcionando a la sociedad información relevante y fidedigna al respecto”, viene publicando informes genéricos sobre sostenibilidad en España (Informe 2005 e Informe 2006), así como otros informes temáticos en el ámbito del desarrollo sostenible. El primero de estos estuvo dedicado a los Cambios de ocupación del suelo en España. Implicaciones para la sostenibilidad, (2006). El segundo de estos informes se presenta ahora bajo el título Calidad del aire en las ciudades españolas. Clave de sostenibilidad urbana.
Este informe trata un aspecto verdaderamente significativo para la sostenibilidad, especialmente en la dimensión urbana, toda vez que la calidad del aire es un componente esencial de la calidad de vida que condiciona la habitabilidad de las ciudades que aspiran a un desarrollo urbano más sostenible.
Es en las ciudades donde la contaminación del aire supone una amenaza aguda, acumulativa y crónica para la salud humana, la calidad de vida y el medio ambiente natural y construido. Ciertamente, la exposición a la contaminación del aire puede ser detonante o agravante de afecciones respiratorias, cardíacas y otras varias, que resultan especialmente dañinas para colectivos sensibles como las personas con enfermedades respiratorias y cardiovasculares, embarazadas, ancianos y niños. Y, a su vez, tiene repercusiones negativas sobre los ecosistemas, la agricultura y los materiales (como edificios y patrimonio cultural).
En cualquier caso, se puede asegurar que ante los perjuicios ocasionados por la contaminación atmosférica a la salud y al medio ambiente, la mejora de la calidad del aire es una necesidad crecientemente sentida por los ciudadanos que cada vez más exigen su derecho a respirar aire limpio.
La magnitud de los efectos de una mala calidad del aire es demasiado grande como para no abordar el problema en extensión y profundidad desde una perspectiva integral y limitarse a aplicar la legislación vigente en materia de contaminación atmosférica.
Pero también hay que exigir el cumplimiento estricto de la normativa y redoblar los esfuerzos para facilitar la información necesaria a fin de evaluar las repercusiones ambientales globales sobre la salud humana y el entorno urbano, incluyendo sistemas de aviso y alerta a la población, sensibilizando y formando a la ciudadanía, haciéndole consciente de las repercusiones de sus actuaciones, así como aumentar la capacidad de responder rápidamente y de forma coordinada a las diferentes amenazas, promoviendo medidas preventivas y actuando sobre los factores determinantes en todas las políticas y actividades relacionadas.
Si conseguimos avanzar en esta dirección, las generaciones futuras y nosotros mismos lo agradeceremos en muy poco tiempo.